domingo, 4 de mayo de 2008

La feria & La Feria.

Parte primera: La FLIA.
Sábado. Más de las 7. Chacarita, justo al lado de la estación Lacroze, "Sexto kultural, Mutual sentimiento". El edificio es viejo y desde afuera parece propiedad tomada, no muy lejos de la impresión que da cuando se entra. Atravesando la puerta, una suerte de portería sin portero, hace las veces de administración, alguien indica las actividades a todo aquel que llega preguntando, es un centro cultural, con lo cual en el resto del edificio la actividad es diversa.
Segundo y sexto piso. En el segundo, proyecciones, charlas y debates, en el sexto, la feria. No hay ascensor. Se nota, pura juventud arriba, algún que otro arriesgado sexagenario, pero no más. Los cartelitos que rodean la escalera dan ánimo: "ya llegaste al primer piso, es un muy buen paso"," ya falta poco para llegar a la séptima feria del libro independiente, amiga". Cuesta pero se llega. A primera vista el recibidor que esta junto a los ascensores clausurados, adrede, me dirá después alguien: "no los quieren prender porque gasta mucha luz y como saben que va a estar subiendo y bajando gente continuamente los apagaron." El clima dentro de la sala es festivo, puro alboroto, abrazos, sonrisas, gente por doquier. Alguien dirige unas palabras, agradece y da el pie para que una banda empiece a tocar. Suenan bien, la voz del cantante me recuerda a Pedro Guerra, hay bastante ruido, trato de pescar algo de la letra, nada. Ahora una chica dice que en 10 minutos se va a sortear la rifa, pero que todavía están disponibles algunos números por si alguien todavía no la compró. Recorro en círculo. El primer hallazgo, un libro que compila la experiencia de: "La tribu", radio alternativa. Me dirijo hacia él, hago cuentas mentales, traje bastante plata, la suficiente como para no gastarla toda en el mismo lugar, la suficiente como para gastarla toda en un mismo libro si hace falta. Le pregunto: "¿éste cuánto esta?", me mira, mira el libro, averigua y me dice : "éste esta $10, pero los chicos que están allá, dice señalando un stand en dirección oblicua a la nuestra, lo tienen a $5, así que mejor compráselos a ellos", agradezco el gesto de honestidad. Hay una suerte de fraternidad implícita se recomiendan los libros unos a otros, "mira este libro es buenísimo" me dice alguien hojeando el libro del stand vecino.
LLego a la oferta imposible, consigo al ejemplar a $5, esto es lo más cercano a la felicidad, el libro tiene 300 hojas de un material, a mi juicio riquísimo, papel ilustración con un diámetro de 30x18. Estoy rastreando este espécimen desde hace rato, en "la crujía" la librería que auna todas la bibliografía más progre de comunicación esta agotado hace rato, a la radio fui el cuatrimestre, pasado, cuando todavía tenía una vida que se dividía en cuatrimestres, a la feria que organizan y nada, ni rastros, se lo digo al chico que me lo vendió y me dice en tono irónico: "no es que no hay más, lo que pasa es que no habrás hablado con la persona correcta", me gusta el tono mezcla arrogancia y cancherismo, compro dos libros más.
Sigo dando vueltas, unos anotadores monísimos, la tapa es un blister de algún potente fármaco: lexotanil, valium, rivotril, estan pintados de colores y prolijamente enmarcados, de lejitos dan tiernos, de cerca medio macabro, estoy a punto de llevarme uno, recuerdo que los últimos cinco anotadores que me compré, todos tan singulares como estos, andan, vírgenes dando vueltas por la casa.
Alguien por micrófono recuerda que a las 8 en punto comienza la charla sobre copy- left y que los interesados pueden ir yendo al segundo piso, la misma voz, pide, suplica que no vuelquen la cerveza, porque si bien el lugar fue cedido de muy buena fe para la feria, tampoco es cuestión de dejar todo hecho un hinchastre.
Avanzo en mi recorrido, veo el libro de Juan, "Objetos maravillosos", a mitad de precio, emocionada me alzo con una nueva compra. Sigo mi expedición, hay muchas revistas, algunas más logradas que otras. Me acerco a una mesa donde estan todas prolijamente acomodadas, leo: "Esto cuesta lo que vos quieras pagar", me parece injusto, la gente no tiende a valorar el trabajo ajeno y las revistas estan muy bien, saco un billete de $5 y me llevo una, "tomá, si querés te podés llevar otra me dice el chico", acepto el regalo.
Más revistas, más libros, algunos discontínuos, los hits de siempre en plena vigencia anacrónica, otra vez el oxímoron, algo de historia, algo de política y algo de militancia política o de historia de la militancia. Ya casi no quedan stands, ya casi no queda tarde.
Hay olor a encierro, no, es un poco más intenso, mezcla de poca ventilación, humo de cigarrillo y marihuana. El lugar esta efectivamente cerrado, no hay ventanas abiertas. Voy en busca de un poco de aire, me detengo casi llegando a la entrada, hay un ventanal. Me quedo parada un instante, recién esta oscureciendo y el sol, naranja, inmenso, se posa en la cúpula de la estación hasta penetrarla por completo, cae por fin la tarde en las garras, esas, que le tiende la noche, cada vez.

2 comentarios:

Guillermina dijo...

Ni enterada de esa Feria. Qué lindo loque contás, y que suerte que encontraste el libro...y rs la Ley de Murphy: "Si encontraste algo, es porque no lo estabas buscando"

Guillermina dijo...

Ni enterada de esa Feria. Qué lindo lo que contás, y que por suerte encontraste el libro, y... así es la Ley de Murphy: "Si encontraste algo, es porque no lo estabas buscando"