domingo, 18 de mayo de 2008

Estoy en la instancia en la que me harto de hablar sobre mí, de escribir de mí, en el momento en que los textos me llevan más que un par de horas y que la búsqueda en y para el texto, es ardua, trabajosa, casi como dijo Fito de Pity, en un recital: "observen bien, porque lo que hace este muchacho es un trabajo de orfebrería", en eso pensaba hoy cuando me senté en la pc a revisar por enésima vez el cuento policial que escribí la semana pasada. Se lo leí a él, le gustó, lo noté, hice pequeñas pausas en los momentos claves para ver si lo atrapaba el relato, pequeños silencios que lo sacaban de timing y me decía, "dale, dale, seguí", pero igual al final noté como que hubiera esperado más del texto, no me lo dijo, pero me di cuenta igual. "Me encanta como lo leés me dijo", no me dijo, "me encanta lo que leés", mujeres, nada nos viene bien.

Ya mandé los sumarios, ya me dieron el ok de un par, ya estoy produciendo las notas, ya tengo fecha de entrega, de cierre de edición y sin embargo, ese gustito de falta algo, quizás sea el fetiche del papel, de la cosa impresa.

Me pica lo de recibirme, lo del título y me rasco a destiempo, así no, nena.

Menos mal que no quería hablar de mí.

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