martes, 19 de febrero de 2008

Hasta el altar no paro.

I
Hoy vino el plomero, pierde el baño y la bacha de la cocina se tapa. Después de mucho hacer cuentas, bueno, que venga, ya vino antes, en algún momento y arregló algo que todavía anda, hace más de un año, suficiente certificado de garantía para mí.
Puede pasar mañana, a esta misma hora tipo 8 y media. Le recuerdo la dirección.
Son más de las 11 y llega fresco como una lechuga, dice que no se acordaba como llegar, claro ¿por eso las dos horas y media de demora no?
Se pone a arreglar el baño, yo en la computadora, me llama, me pide un alambre, no hay, bueno una percha o algo. Le doy al percha, la desarma, no pasan ni 20 minutos y me dice: “Bueno, ¿hay algo más asi lo arreglo?”. Va a la cocina otros 20 minutos, $120, “materiales incluidos eh”. Pongo cara de encima de que me estas engrampando tengo que decirte algo como gracias, o prefiere que diga que me equivoqué de profesión o simplemente, espere que me suicido y vengo.
Estoy a punto de pedirle casamiento no sólo me solucionaría la vida en casa, sino además solventaría la economía familiar. Me acabo de acordar que entre las pocas palabras que cruzamos me habló de sus tres hijos, una es adolescente y los otros dos todavía usan pañales, tamaño presupuesto. Pobre hombre pienso entre la carga familiar y lo que gasto en shampoo, ahorrémosle un disgusto, le sonrío y lo acompaño hasta la puerta.

II
En lo que va del mes pensé en casarme unas diez veces, mejor dicho pensé en pedirle casamiento a hombres. Por ternura, como la que me dió el patovica del boliche cuando a la entrada me pidió el documento, ok no jodamos eso es amor, tengo 26 y juro que no parezco ni uno menos, ven ahí tienen una auténtica ofrenda de amor. O el verdulero que cada vez que voy me pregunta: ¿algo más bebé?, como si fuera una nena a la que mami mandó con la lista y tiene miedo que me olvide de algo, es verdad que a veces las miradas y el tono son más que sugerentes rozando lo libidinoso, pero bueno nadie es perfecto y además la verdura que vende es riquísima. Al diariero estuve a punto de pedirsélo, siempre se acuerda de guardarme las revistas que le pido, no importa si hay más demanda de lo habitual ese día y pierde la venta porque yo no paso hasta la semana siguiente o a veces ni paso porque me olvido. Él fue el que se esmeró en dar con el que hacía la distribución de LMDMV y que gracias a eso llegara a mí sin necesidad de revolver la ciudad cada principio de mes. Les decía, estaba yo a punto de jurarle amor eterno, cuando un día no sé porque de repente salió de esa suerte de cabina que tiene los canillitas, que es el puesto de diarios mismo, pero que para ellos es un habitáculo en el cual hacen muchas cosas, entre ellas, pasar el día, bueno en eso estaba cuando se dirigió a mí y paso algo tremendo, descubrí (después recale que el engaño no había sido adrede, el puesto esta como subido a una suerte de plataforma) que era dos cabezas más petiso que yo, agarré la revista y salí disparando. Se me fue todo el amor.

III
A veces cuando no me puedo dormir pienso en pavadas, como que me encantaría dormir abrazada a alguien aunque haga calor, aunque en mi cama apenas quepamos Juanito y yo, no me importa y sí, la soledad tiene esas cosas cursis y ataca de noche la muy traidora. Se ve que en una de esas noches estaba, porque soñé que me iba a Uruguay con vos, que hacíamos lo imposible hasta dar con Galeano y que en una playa desierta de Atlántida sola para los dos, él nos casaba. Hacíamos nuestros votos, vos habías escrito algo que a mí me conmovía hasta las lágrimas, más de lo que me conmovés vos de por si, es que escribís tan lindo. Y Galeano, bombón de los bombones nos dedicaba unas palabras del Libro de los abrazos, nos decía que las había escogido especialmente para nosotros. Los tres nos abrazábamos, después vos y yo nos besábamos un rato largo y caminábamos por la playa.
Para cuando me desperté, la única certeza era el libro de Galeano que tengo en mi biblioteca todo arrugado de tantas leídas.
La única verdad es la mismísima y cruel realidad.
El otro día de bronca pensaba que voy a ir Uruguay, lo voy a buscar a Galeano y le voy a pedir casamiento, sí para que me aguante él, para que se joda por haberme hecho ilusionar, una amiga me dijo: “Esta bien, pero él ¿no esta con alguien?” “Obvio, esta con Helena y felizmente casado, pero lo que vos no sabes es que yo no soy celosa nena”, le dije

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Simplemente MUY BUENO. Me cagué de risa!!

Marina dijo...

ahora te da risa, pero ya vas a ver en cuanto encuentre "al candidato", te va a dar envidia querida.