lunes, 10 de marzo de 2008

La despedida: Última parte.

Sonó su celular, veía borroso por el efecto de las pastillas, era él, no lo pensaba atender, que se joda, que se preocupe, no, mejor que se sienta mal, tan mal como ella esa tarde al descubrirlos. El teléfono insistía de una manera tan estrepitosa que había logrado aturdirla, atendió pero para no escuchar más ese espantoso sonido. Lo dejó abierto, podía escuchar a lo lejos la voz de Pablo, se oía preocupado, una mueca de sonrisa se dibujó en su cara. “¿Ahora te preocupas no?, no te preocupes más por mí, ya no vas a tener que preocuparte más por mí, ¿sabes?”, cortó, volvió a recostarse sobre la cama, ahora tenía calor, se incorporó como pudo y camino al placard en busca de alguna muda de ropa más ligera que la que llevaba puesta, abrió una de las hojas del vestidor y se le vino encima como un fantasma aquel baby- doll que él le había obsequiado en su último cumpleaños. Nunca lo estrenaron, a ella le parecía ordinario y de mala calidad, se lo había dicho, “parece que no me conocieras Pablo, ¿cómo se te ocurre regalarme una cosa así?” Él había prometido cambiarlo por otra cosa que fuera de su agrado, pero eso nunca pasó y ahí estaba ahora como una aparición, recordándole que tal vez no era que le desagradara tanto sino que le despertaba unas ganas terribles de usarlo, pero con otro. No quería ni mirarlo para evitar pensar, porque ella hacía rato que no pensaba en él. Ella hacía rato que había dejado de quererlo, pero la culpa era de él cómo había dejado que eso pasara y encima ahora esto, la había dejado descubrirlo todo, ella jamás le hubiera hecho una cosa así, ella si sabía muy bien como cuidar los detalles para no despertar sospecha. Por eso ahora su venganza sería perfecta y completa, igual que todos sus engaños.

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