martes, 25 de marzo de 2008

Frío.

Estaba en el viaje de regreso, no habían pasado ni 10 minutos y el frío le calaba los huesos. No lograba entenderlo, se había preparado para el embate, tenia pantalón abrigado, doble media y zapatillas. Incluso había cambiado el pasaje con su compañero de asiento tentándolo con el inmejorable paisaje de la ventana, ella sabía que el aire frío se irradiaba desde las canaletas de arriba, las que estaban pegadas a la ventana. Le costó horrores conseguir pasaje y encima no se podía poner pretenciosa. "Me quedan sólo 3 y todos son ventanilla", había dicho el vendedor de Retiro. "Mire que no me importa viajar arriba eh, no importa, con tal que no sea ventanilla", "le repito señora, me quedan sólo 3 pasajes incluyendo el piso de arriba y los tres son ventanilla". Desde ese momento supo que iba a tener que abrigarse más de la cuenta, o tal vez no, hasta que no hiciera el viaje no lo iba a saber.
Ya había llegado a la mitad del recorrido, pero el tiempo parecía eterno. Aprovechó la parada obligatoria de los conductores, ese fin de semana había sido terrible, un sin fin de accidentes y los choferes estaban obligados a parar y descansar. Bajó del micro, se acercó con pudor al chofer, impostó la voz y le dijo: "disculpeme, es que yo estoy saliendo de una angina con fiebre, ¿sabe? y vine abrigada, pero el aire me esta matando, ¿se podrá bajar aunque sea un poquito?. "Mirá, no esta tan alto, pero bueno, lo bajamos, ¿vos donde estas?", "arriba", arriba señaló. "Esta bien".
Volvió a su asiento, se acomodó a pesar del poco espacio y trató de descansar un poco, al principio sintió un poco de calor, se sintió aliviada, por fin lograría descansar. Se estaba quedando dormida cuando se dio cuenta que del frío se le habían dormido las piernas, tenía el cuello inmóvil de lo contracturado. "¡No lo puedo creer, estos hijos de puta me estan jodiendo!, claro como nadie dice nada, pero yo no tengo porque bancármelo". Bajó desencajada, se acercó a la cabina del chofer y le dijo: "Escuchame te lo pedí bien, estoy enferma, te pedí que lo bajaras, me vine abrigada pero no fue suficiente. De verdad te lo digo, estoy convaleciente". El chofer la miro de reojo, "te escuché y de hecho no lo bajamos, lo apagamos nena, mirá", le mostró el panel de control del micro, le señaló donde decía aire, la perillita estaba del lado de donde se leía: apagado. No supo que decir, "bueno, yo pensé que..., nada, cosa mía, perdón".
Volvió a su asiento como derrotada, se puede pelear el frió cuando es de afuera pensó, pero cuando el frío viene de adentro, ¿cómo se hace?. No pensó más, faltaban apenas unas pocas horas para llegar al calor, a su calor, ése que había dejado con la promesa de que al volver ya no sería la misma. Los viajes tienen esas cosas se dijo, sonrió y se acurrucó al asiento, esta vez estaba dispuesta a descansar, a pesar del frío.

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