lunes, 3 de diciembre de 2007

Cepítulo 5: La luna de miel, segunda parte.

I
Retratar exactamente paso a paso la última discusión que tuve con Clara sería imposible. No porque no quiera o no me parezca importante, es que simplemente no la recuerdo del todo. Es decir, tengo la sensación de fragmentos más o menos intensos que se me fueron impregnando en el cuerpo hasta dejarme aturdido.
Todo empezó cuando de algún modo, quizás no el más elegante, le hice notar que era un tanto infantil hacer una parodia delante de unos viejos que no conocíamos, ni nos conocían, ni nos importaban. No había necesidad.
- No hay necesidad Clara.
- ¿De qué no hay necesidad?
- Digo, no es del todo verdad, pero tampoco del todo mentira vos y yo estamos acá porque queremos arreglar las cosas, porque queremos estar juntos y porque un día no muy lejano también vamos a formar una familia, ¿o me equivoco?
- ¡Que se yo Clara!, no sé, así estamos bien o estamos tratando de..., no sabes que puede pasar pasado mañana, es todo tan impredecible, no podes planificar a largo plazo como si el destino estuviera a nuestro antojo.
- Obvio que no sé que se le antoja al destino, pero si sé que quiero yo, y sé que quiero que sea con vos.
No pude seguir hablándole, cómo ella podía tener una certeza tan profunda y a mi sólo correrme un frío por la espalda ante semejante declaración.
Mi silencio sólo empeoró las cosas, Clara empezó a hablar por mí, por ella y por todo aquello que ni yo ni ella habíamos sido capaces de decir hasta ese momento.
II
No recuerdo exactamente el momento en que dejé de amar a Clara, tal vez para cuando me di cuenta, sólo la quería o sentía que le debía la oportunidad por todo su esfuerzo, por lo valiente que había sido por los dos. Supongo que también quise convencerme de que lo hacía por mí. Que no le estaba dando una oportunidad a ella sino que nos estábamos dando una oportunidad.
Por mi cabeza transitaban los momentos de nuestra relación como diapositivas en desorden: más oscuras, más claras, más nítidas, sublimes, tristes, casi felices y la lista se extendía a lo largo de una fila interminable. Las miré una una por una, quería atesorarlas, guardarlas, volver a ellas, aunque sea una última vez.
III
- ¿Sabes lo que pasa?, es que sos un cobarde, un cagón, no te animás y ¿sabés que es lo peor de todo?, que vos sabes que en el fondo tarde o temprano te vas a arrepentir, porque vas a mirar para atrás, vas a llegar a este momento y vas a pensar que hubiera valido la pena y te vas sentir tan solo, Mauro.
- No hay nada que pueda decirte, vos ya elegiste, ya decidiste, me dejas a mí, como siempre la
peor parte, la que habla, la que cierra, la que dice.
- No quiero hacerme más mal, esto se termina, pero hacéte cargo de tu cobardía.
Las palabras de Clara retumbaban en mi cabeza, no podía pensar, menos responderle. Quería avanzar el tiempo y espiar a ver si Clara tenía razón, a ver si era "ella" y yo la estaba dejando ir o si sus palabras pegaban donde más dolía porque yo la había lastimado y ella quería hacerme sentir en carne propia su dolor.
Todavía quedaban tres días para nuestra vuelta. Demasiado tiempo de agonía para una relación que ya había dejado de ser.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

que momentooooo mauro
mas mas mas
beso, mer

Ana dijo...

Una sola palabra, en realidad una onomatopeya para ser más especifica: CHAN!
De todas maneras este último post deja en claro algo, en el 80% de las relaciones que se rompen el tipo es un CAGÓN!

Simona dijo...

hay q admitirlo escribis muy bien y captas mi atención pero a veces me disperso.. estas situaciones comunes, se relacionan e identifican algún momento de mi vida! jaja