lunes, 24 de diciembre de 2007

Nochebuena

Dos manos se abalanzan sobre la última botella de sidra de oferta. El señor de remera rayada mira enfurecido a la señora de camisa que ahora sonríe victoriosa después de la hazaña. Los changuitos aceleran y frenan de golpe. Zigzaguean, en las angostas góndolas, para llegar al pan dulce en una carrera contra reloj. Los anaqueles rebalsan de turrones blandos, porque la gente prefiere los de maní. Al menos los que tienen dientes, y la mayoría de las veces es directamente proporcional a la cantidad de gente que hace las compras, madres, padres, tíos amigos, y alguna que otra criatura enviada a último momento, en busca de la plantita de lechuga para decorar la bandeja del arrollado.
El ambiente se caldea aún más. Son las cinco de la tarde y ya no hay rastros del lechón. Ni frío, ni caliente ni adobado, ni por adobar, ya no queda ni congelado.
_ ¡Me quiero morir! ¿Y no van a reponer?; lo que pasa es que todos los años se encarga mi mujer y este año no pudo, ¡ay! ¡Cuando se entere me mata!
_ Perdón: ¿van a poner más garrapiñadas de oferta? Porque acá no quedaron.
_ ¿Hasta que hora puedo hacer el pedido?, ¿Hoy mandan a domicilio?
En las próximas horas los mortales arrasaran, cuales langostas sobre el maíz, con todo o con casi todo. Porque no es lo mismo un pan dulce con frutas que sin frutas.
_ Uyyya ¿Esto qué marca será? ¿No lo pondrán de oferta porque esta podrido, no?
_ ¡Es importado! Y ...así no repunta la industria nacional, aunque ... 30 centavos son 30 centavos.
Es un hecho la nochebuena está cerca, a unas pocas horas para ser más precisos.
En la casa de la abuela Rosa, la mesa está puesta desde las ocho, aunque ella es perfectamente conciente que todos llegaran después de las 9 cansados, transpirados y con muchas ganas de comer y pocas de colaborar; Y claro cada vez son más. Los hijos los nietos, los novios de las nietas, que son muy modernos porque hay que ser muy moderno para pasarlo en la casa de la novia. ¿Estos chicos no tienen familia? Quién sabe. Pero mejor que estén acá y no vagueando, como los mellizos de su hija que lo único que les interesa son los petardos y las estrellitas, el último año no dejaron un solo perro sin aturdir. Y se ganaron de manera unánime el odio de los vecinos. Inclusos los de al lado, tan atentos que este año le regalaron otra vela blanca con purpurina de colores, que ni bien se encendió, se deshizo sobre el mantel recién lavado.
Cada vez cuesta más reunir a la familia. Ya se perdió esa cosa de festejar, antes estaba una semana para preparar la comida ahora apenas el día anterior y este año ni siquiera pudo comprar medias para todos, y que se le va hacer... La abuela está convencida que en un par de años terminaran comiendo pizzas y empanadas, para no hacerse tanto drama como le dicen sus hijos.
Edgardo está solo. Divorciado, dos hijos. Ellos pasan el 24 con la madre y el 31 con él. Ya se compró la comida hecha, un poquito de todo, un pedazo de lechón, él si logro conseguirlo en el supermercado adobado y todo, un arrolladito primavera, ensalada rusa, pollo y un buen vinito. De postre helado y turrón porque no es muy afecto al pan dulce y las frutas secas. De fondo suena Frank Sinatra. Le recuerda épocas mejores, en las que no estaba tan sólo, tan, como decirlo, con tanta sensiblera. Pero no importa a las 10 dan El Padrino la trilogía completa y para cuando termine, ya habrá pasado nochebuena, navidad y todas las benditas fiestas, que lo tienen re podrido, desde que descubrió que al final de la noche no tiene con quien alzar la copa.
La ciudad entera está iluminada, como si Ibarra hubiera descubierto que lo que los vecinos anhelan son lucecitas en navidad ... y bueno algo es algo.
Aún faltan unos minutos y algunos ya empezaron con el estruendo desde hace rato. Los villancicos desde Roma son la vedette de la tele, esta noche no hay Hola Susana que valga. Menos diez. Cuentan los minutos, piden y ruegan y se emocionen y brindan. Por un momento todos van atener la certeza de estar colmados de felicidad y se abrazan. Parecen envueltos en una extraña música serena y apacible. El ambiente por unos instantes se vuelve alegría y bullicio, se respira la magia de la navidad, aunque sea por un ratito.
Otra navidad se nos ha pasado. Ahora queda lavar los platos y preguntarnos: -¿Che mañana que vamos a comer?

Pd) Era tan joven cuando escribí esto, corría creo el 2001 o algo así, lo posteo porque aún hoy me sigue dando ternura.

Ahora estoy practicando

el minimalismo

asi que.

Feliz noche buena!!!!

mejor navidad!!

beso!

M.



2 comentarios:

Anónimo dijo...

felicidades marin!!!!, el relato corre rapido como estas fechas, lindisimo.
mer

Guillermina dijo...

Una hermosa, interesante y realista descripción de la realidad. Disiento en lo que dice la abuela: "¡qué modernos los novios de las nietas que pasan la Nochebuena con nosotros. ¿Es que no tienen familia?" Me parece que las fiestas uno las tiene que pasar con quien quiere, ya sea amigos, otros parientes, pareja y ¿por qué no? en una parroquia compartiendo con tanta gente que está sola. No tiene sentido estar con la familia si uno está pensando que estaría más a gusto en otro lado. Como dice mi Mamá, para estar con cara larga, mejor que no esté. A mi las fiestas no me gustan y por motivos que vienen de la niñez. En mi familia nunca se supo festejar...Por eso siempre me gustaron más las Pascuas. Un beso y sigo con mi felíz desayuno.