jueves, 18 de septiembre de 2008

RA.

En realidad tengo todo por fragmentos, como una película mal editada. Primero la llamada de mi hermana, su preocupación, su agustia, "papá no esta bien, hablá con él, a vos te va hacer caso". Yo, que llamo y cumplo, con él, con mi deber de hija y con la angustia de mi hermana. Él que no me tranquiliza, ni me importa. Las horas que pasan y ni noticias. Yo, que me decido y en medio de la odisea el cambio de planes. "Ra, me trasladaron al Colegiales, te veo allá". Después no sé muy bien como sigue todo porque tengo puesta una campera de nike y un jogging y pienso que estoy demasiado mal vestida para ver a toda la parentela de él. Mis amigas compraron caramelos y Sprite zero, "¿Querés?". "No, no quiero". No quiero nada. Pasan dos horas, de eso sí me acuerdo porque pienso "que no se muera, por favor, que no le pase nada". No es que lo vaya a extrañar o que lo necesite, es que hay cosas que uno no se hace a la idea hasta que suceden y cuando suceden el tiempo se detiene y es como si por una hendija entrara todo el pasado de golpe. Las noches que me quedé se mezclan con las noches en las que velé por sueño ajeno, por padecimiento de otros. Pasaron casi ocho años y todavía no me acostumbro a naturalizar del todo al dolor. Me acuerdo de las noches que pasé en otas habitaciones igual a ésta, de las sillas tan o más incómodas que ésta, a veces tenía suerte y encontraba vacía la cama contigua o un sillón, pero la mayoría del tiempo era rogar para que pasaran las horas, los días y las semanas hasta llegar al alta. No reconocer por la ventana si es de día o de noche, si hace frío o calor. Leer los apuntes de la facultad, un libro o un texto de alguna revista que me compré como premio consuelo a mi desgracia con suerte, tener trabajo. Prometerme hasta el hartazgo que esto no es eterno, que es un momento, que es lo que necesito para avanzar.
No comer, no dormir y sonreir cada vez que vos abrís los ojos porque es un milagro y porque me alegra y me alivia saber que estoy ahí, que no me fui, ni con el dolor, ni con la bronca, ni con todas esas cosas que me provocaste tantas veces, en otras noches más oscuras que ésta. Y eso que estamos así los dos, mitad despiertos, mitad dormidos y con la luz apagada.

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1 comentario:

Guillermina dijo...

Voy a rezar por tu Papa. Me identifico con lo que escribiste sobre tus sensaciones e impresiones que vivencias en esta situacion. Recuerdo qeu pase por eso en mayo, justo cuando arreglamos para vernos. no se que es lo que tiene tu Papa, pero con la ayuda de Dios y de ustedes va a reponerse pronto y va a volver a su hogar con todas ustedes.
un abrazo.