lunes, 1 de octubre de 2007

Envidia

Envidio profundamente a todo aquel que las cosas le salen a pedir de boca sin mover un dedo, mientras que yo arrastro un cansancio como consuelo de mis pequeños logros y mis grandes fracasos.
Envidio a las mujeres que se angustian y se les cierra el estómago y no encuentran, como yo, en la comida el único consuelo posible, a las que tienen mil años y parecen de 15, a las que tienen todo en su lugar a pesar de la celulitis, las estrías y los embarazos, a las que siempre caen bien en la primera impresión, a las que se pueden poner una palangana en la cabeza y les queda divino, a las que seducen sin darse cuenta y a las que provocan en los hombres miradas fulminantes con solo pasar ante ellos.
Envidio a todos aquellos que creen en algo y siguen firmes con sus convicciones hasta las últimas consecuencias.
A los eternos optimistas que piensan que lo mejor esta por venir, me encantaría preguntarles de que revista de moda se escaparon para sostener tales afirmaciones.
Obviamente, demás esta decir, envidio a todo aquel que le va mejor que a mí, a los que hacen manualidades con el papel higiénico y les queda espléndido a los que siempre tienen suerte, a los que encuentran ofertas increíbles y a los que son felices con poco y se preocupan por nada. A los que simplemente viven, a los que piensan y no se queman la cabeza en el intento, a los que tienen talento y sobre todo a los que se les ocurren ideas revolucionarias que yo apenas puedo comprender después de mucho esfuerzo.
Ni hablar de los que son tan lindos que parecen que los dioses se hubieran puesto de acuerdo así que no sólo son lindos, sino también inteligentes, agraciados, finos y encima modestos, es más, no los envidio, los odio.
Envidio a los que conocen a una persona hace dos meses y ya juran y perjuran que es el amor de su vida, lo mejor que les paso y el futuro/ a padre o madre de sus hijos. Uno de mis mejores amigos es así, con lo cual a esta altura su futuro hijo tiene al menos 7 u 8 madres posibles aproximadamente.
No quiero dejar afuera de mi envidia a los que están en el lugar indicado en el momento preciso para que la suerte llegue a ellos y las oportunidades se amontonen frente a sus narices como pidiendo por favor ser aceptadas. A los que caen siempre parados. A los que no se quejan, a los que están siempre con una sonrisa, una palabra de aliento y tienen una frase hecha para cada ocasión, a los que se cayeron y no esperaron que nadie los venga a buscar y siguen poniendo la otra mejilla, a los que creen a pesar de y especialmente a los que vuelven a intentar, los que son fuertes a pesar de su propia debilidad.
Envidio todo aquello de lo que carezco, es más quizás todo esto venga a cuento de que mi balanza se inclina cada vez más para el lado de lo que debo y lo que me falta, y solo algunas veces me devuelve un balance positivo, un mimo para seguir adelante.
Voy por la vida como el conejo con la zanahoria. Me agobia pensar que todo es un pesar y me gustaría contagiarme de todo aquello que envidio.
Entonces me levanto a la mañana y le vuelvo a creer a Serrat, y le doy de baja momentáneamente a Sabina. Me miro y por primera vez en mucho tiempo, como para no desentonar con mi optimismo matutino el espejo me devuelve otra imagen, otra yo, una a la que las polleras le quedan lindas los aros le combinan y la sombra resalta sus ojos, esos ojos que a veces le gustaría que fueran más grandes, más expresivos, pero que hoy están bien. Y es ahí donde las cosas parecen encajar y todo tiene sentido, aunque hoy de nuevo no me mires, ni me hables, ni me sonrías y una vez más tenga la certeza de que soy víctima de mi propia historia, la princesa del cuento infinito
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1 comentario:

Guillermina dijo...

Me encanta la humildad con la que admitis algo que muy pocas personas admiten: la envidia. el deseo de tener eso que el otro tiene. el preguntarle a Dios como si tuvieramos 6 , Por qué el/ella si y yo no?" Me encanta lo que escribis,me siento muy identificada, y te quiero decir que disfruto mucho chatear con vos. Te mando un abrazo.
Guillermina Lenzi