martes, 11 de septiembre de 2007

Don’t look back in anger.

So I'll start a revolution from my bed.
Siempre que escucho este tema me pregunto: ¿cómo será empezar la revolución desde mi cama?, ¿qué es?, ¿cómo la llevo a cabo?
Enfrento a la almohada y le digo que no va más, que no la quiero escuchar, que a partir de ahora la que decide soy yo, que hemos quedado mano a mano como en el tango, que gracias por los servicios prestados y que si te he visto no me acuerdo. Sigo con las sábanas, les digo que desalojo a los fantasmas que habitan en ellas soñando con el calor de manos inexistentes, les quito la ilusión de cuajo, las convenzo de que es lo mejor y que en primavera nadie se muere de frío, pero que de todas maneras siempre dejo una frazada extra por las dudas, por los recuerdos, fríos como una tarde de lluvia en pleno invierno.
¿Qué es empezar la revolución desde mi cama, cambiar el acolchado mudar el colchón, no dar más explicaciones, usarla sólo para dormir?¿Pensarme sólo como en devenir y dejar que las cosas acontezcan y contemplar como espectador sin mi bendita obsesión de anticiparme a todo?
Afuera llueve más de lo que el servicio meteorológico hubiese imaginado, la suerte no me acompaña, estos planteos son dignos en un día de sol, así que mientras mastico la idea en mi cabeza, me voy a hacer compañía, voy a subir el volumen, me voy a olvidar de todo y en principio sólo... en principio sólo eso y ya es bastante, al menos por hoy.

1 comentario:

Anahí dijo...

Bueno, como te dije el otro día, habría que preguntárselo a Lennon que empezó su campaña contra la guerra de Vietnam convocando a una conferencia de prensa... desde su cama! Y el tipo era tan avanzado para su época, y los periodistas yanquis tan tarados, que sólo atinaron a preguntarle por qué salía con una mujer tan fea (Yoko)... en fin, eso pasa cuando en las carreras de Comunicación y Periodismo se enseña la Mass Communication Research en vez de la Teorías de la Industria Cultural... había demasiada aguja hipodérmica en esos periodistas. Nosotros le hubiéramos preguntado tantas cosas!