“Seguir viviendosin tu amor”, es la canción que más veces escuché en mi vida. La grabé de la
radio en un cassette durante mi adolescencia. Fue parte de un compilado de rock
nacional en un cd años más tarde. Y ahora forma parte de una carpeta del mp4 que
se llama, “verano 2013” y que incluye temas que sonaron ése y otros veranos. No
siempre fue la misma versión. La
original primero, de Luis Alberto Spinetta, hasta que me estremeció la voz de
Pedro Aznar en un acústico en vivo, y desde hace unos meses escucho la impronta
más power que le dio, “Catupecu Machu”. Pero el efecto sigue siendo el mismo.
Cada vez que suena, canto alguna estrofa, un verso o el estribillo. No me puedo
contener. En un subte lleno de gente, en el laburo, sola en mi casa. No siempre
es la misma frase. Desde hace unos días, por ejemplo, vengo cantando a viva voz
rumbo al trabajo: “y hoy que enloquecido vuelvo buscando tu querer/ no queda más
que viento/ no queda más que viento”. Y aunque no estoy particularmente contenta
ni especialmente triste, cada vez que oigo esos versos, detenidamente, me es
inevitable pensar que la ausencia del otro debe ser eso, viento. Viento que
sopla sólo para recordarnos que alguna vez lo tuvimos todo.
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