viernes, 17 de junio de 2011

Otro año sin vos.


   Verano de 2005. Tenía el teléfono directo de "La Metro", la radio donde Fernando Peña, hacía su mítico programa de radio, "El parquímetro". Era el día de su cumpleaños, 31 de enero. Sobre la hora del final de programa y después de pensarlo mucho, llamé. Me atendió Scott, el productor general. Pedí hablar con vos, así, directamente: "Me pasás con Fernando", le dije. Scott me preguntó, ¿Fer te conoce?, "Sí, sí", le dije. Me puso a la espera y unos segundos después escuché tu voz: "Hola". No supe qué decirte. Tantos años yéndote a ver al teatro, escuchando tu programa y admirando tu sensibilidad. No pude hablarte. No solté palabra. Corté apenas escuché el, "Hola". Todo lo que podría haberte dicho hubiera sonado cursi y trillado. Y vos no me lo hubieses perdonado. Hubrías esperado que fuera más inteligente y menos cobarde. Así que corté el teléfono y te deseé para mis adentros un, "Feliz cumpleaños".


Si ahora te cruzara, no te hablaría de lo mucho que te admiro y te quiero, sino que otra vez me llamaría a silencio para agradecerte. Y en mi caso, el silencio es toda una declaración. Pocos hombres me dejan sin palabras, Fer.


Así que eso,
gracias,

por Chavela,

por La Surca,
por Mempo,

por Bety,
por la mejor radio que haya escuchado,

por el teatro,
y por la lucidez y la magia que siempre te envolvió.



Te extraño, mucho.



Yo.

martes, 7 de junio de 2011

7 de junio.




Feliz día, donde quiera que estés.
Feliz día a todos y a todas,
eso.

miércoles, 1 de junio de 2011

La Barbie Cristal.

En la foto estoy con mis dos primos y mi madrina. La sacó mi tío. Tengo puesto un vestido turquesa con unas flores bordadas en la pechera. Soy pura sonrisa, a pesar de que me faltan varios dientes.

Fue antes de que naciera mi hermana. Mi mamá estaba muy pesada por el embarazo y mi madrina le ofreció llevarme unos días a la costa con ellos. Pasamos navidad y año nuevo en Mar del Plata.

La casa que habían alquilado mis tíos estaba muy cerca del mar. Íbamos caminando a la playa. Llevábamos un arsenal de cosas, mis juguetes, los de mis primos, la palita, el balde, el rastrillo, los moldes de figuras para hacer con arena y las piezas del tejo. Si el día estaba lindo, aprovechábamos la playa y volvíamos tarde. Cuando estaba nublado nos quedábamos en la casa y jugábamos a que nos perseguían “los malos”. Enemigos que nos inventábamos y de los que teníamos que huir todo el tiempo.

Faltaba poco para navidad. Mis primos habían hecho una lista enorme con todo lo que le querían pedir a Papá Noel. Yo fui más modesta. Pedí sólo una cosa, la “Barbie Cristal”. Recién había salido. Era rubia, de figura estilizada, con un vestido blanco tornasolado que reflejaba los colores cuando lo ponías al sol. Venía con el anillo, los aros y los zapatos de cristal. Tenía también un chal de la misma tela del vestido. Y en la propaganda de televisión se la podía ver, bailando con un Ken de smoking blanco y corbata púrpura. Pensé en pedirlo a él también, pero me pareció mucho.

Para la noche buena salimos a comer afuera. Mi madrina fue la última en salir de la casa. En el camino de ida me inquieté un poco. Me di cuenta de que Papá Noel tenía la dirección de mi casa y entonces no tendría forma de encontrarme y dejar mi regalo. Mi madrina me tranquilizó y me dijo que no me preocupara, que mi mamá le había escrito de parte mía diciéndole donde íbamos a estar.

En la cena apenas probé bocado. Había una copa que adentro tenía algo rosa. Mi madrina dijo que eran langostinos con salsa golf, que los probara. Lo único que comí fue el helado.

Cuando volvimos a la casa, fuimos corriendo hasta el árbol. Había varios paquetes. Mi madrina los repartió como si supiera. A uno de mis primos le habían regalado la “moto Bronco” y al otro los muñequitos de “Yia You”. Empecé a abrir mi regalo con desesperación, hasta que llegué a ver el color de la caja, rosa, con esas letras, en blanco sobre azul. Aunque no sabía leer, supe perfectamente de qué se trataba. La saqué con delicadeza de la caja y le acomodé el chal. Le olí la cabeza. Tenía olor a Barbie.

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domingo, 29 de mayo de 2011

Fabián Casas.

Quizás porque es domingo.
Porque ya no recuerdo como era todo antes.
O tal vez sea la costumbre.

Lo cierto es que cada vez que le doy play a este video, siento que Casas, el rey de los depresivos, el príncipe de la tragedia, me consuela. Y es casi como una obligación, levantarse de la cama y pensar que podemos escoger algún color de la infinita escala de grises.








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viernes, 20 de mayo de 2011

Espectáculos

Me desperté sobresaltada, el sueño fue tan real que temí por mi salud mental.
Estoy pensando sumarios para una publicación que me encanta. Y siento que si no logro hacerle una entrevista al que descubrió la pólvora, no alcanza. Así que llevo varias listas de temas tachados como los días en el calendario de un preso.
Por eso, creo, soñé lo que soñé.

Estaba en el hall de un lugar, esperando. Parecía domingo. Yo se ve que volvía de un viaje. El bolso en una mano, la cartera en la otra. Tenía unas babuchas negras y una remera verde. El pelo pringoso de tanto estar aplastado contra el asiento del micro y los ojos chiquitos de dormir mal. De repente, vi en la sala de espera alguien que me sonaba conocido. "A este lo tengo de algún lado", pensé. Era el actor Nicolás Cabré. "Qué hará acá", me pregunté. Levanté la cabeza y vi un cartel enorme en el medio de la sala que decía, "Registro civil". Después, él se sentó a mi lado y empezamos a hablar. Me contó, de la nada, que venía a sacar turno para casarse. "Claro", le dije, "con Eugenia", "sí", me dijo sonriente. Pasamos largo rato conversando. Cuando estaba por llegar su turno, él estaba antes que yo, le dije, "después, ¿no me bancás cinco minutos que te quiero decir algo?" "Dale, dale," me contestó. Me quedé esperándolo. Nunca entendí que hacía ahí, pero bendije a los dioses por haberlo cruzado en mi camino. Salió finalmente y le pregunté, "che, ¿no me darías una nota cortita, como para contar esto?". Se quedó pensativo. Ahí supuse lo peor. Me imaginé que me iba a sacar corriendo o a poner su cara de pocos amigos, como le hace a la mayoría de los periodistas cuando se los quiere sacar de encima. Se hizo un silencio largo. Vi que alguien le habló al oido, era la novia, la actriz, Eugenia Tobal. Lo miró y le dijo, "dale la nota a la chica total para cuando salga ya vamos a estar casados". "Y dale", dijo él y me dio en exclusiva una nota de media hora contando pormenores de su vida. Nos saludamos con un abrazo. Yo sin haber hecho ningún trámite y él con su turno para casarse.

La siguiente imagen en el sueño es la hoja de un diario en primer plano. Se alcanza a leer: "Protagonistas: Nicolás Cabré". El título de la nota dice: "Más simpático que en la ficción". En la foto se nos puede ver a los dos. Él, de frente, sentado en la sala de espera del registro civil y a mí, sentada, de espaldas a la cámara, el pelo crespo, la remera verde, con el brazo extendido y la mano sosteniendo un grabador.


domingo, 8 de mayo de 2011

Los rollers.

Sobre la mesa del comedor de casa, los patines más lindos del mundo. Brillantes de purpurina, resplandecientes de nuevos y de color violeta, mi preferido. En mi cabeza empiezan a multiplicarse las escenas. En la plaza con amigas, en el recreo del colegio, en la casa de mi tía que tiene fondo y en el parque Saavedra. Desplazándome a toda velocidad en cada una de las imágenes. Pero no. Los patines son de regalo para mi hermana, se los trajo su madrina de Estados Unidos. - A vos no te compré porque tu mamá me dijo que no te gustaban, yo no sabía que vos también querías- dice mi tía, ante mi escandalosa escena de celos.

Mi hermana reclama una y otra vez que le enseñara a usarlos. Mi madre me pide, me suplica, que la acompañe a la vereda para que pueda estrenarlos. Yo acumulo un enojo y una bronca que crece desmesuradamente con el correr de los días.

Un día, finalmente, las dos yendo a la plaza. Mi hermana en el camino hablándome de cualquier cosa, contenta y excitada por la novedad. Yo, la furia contenida, pensando que no los merecía, que en un par de semanas terminarían sepultados en el placard. A mitad de camino, mientras ella sigue hablando sola, creyendo que mantiene una conversación, freno el paso: - ¿No querés andar por acá?-, le digo mientras señalo la barranca, una bajada profunda de una cuadra con una pendiente pronunciada que marea de solo mirarla fijo. Mi hermana que duda un poco. No la dejo pensarlo. La empujo. Veo, en ese instante antes de que gire la cabeza con vista al precipicio, el miedo en sus ojos y su cuerpo que se va alejando a la velocidad de la luz. Corro lo más rápido que puedo pero no la alcanzo. Le grito que trate de frenar, que se agarre de algo, que ya llego. La cuadra parece infinita y en esa eternidad me la imagino, desarmada en el piso, bañada en sangre.

Aterriza con las manos sobre capot de un auto. Quiero agarrarla, ayudarla, pero no puedo. Está petrificada, rígida, sin reacción. La alzo y la siento en el auto para sacarle los patines y se desmorona sobre mí.


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lunes, 2 de mayo de 2011

Porque me hubiera gustado que fueran versos míos.


Ya no

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.
Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré donde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volveré a tocarte.
No te veré morir.


Idea Vilariño.

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