viernes, 9 de mayo de 2008

A mi alter ego.

Mirá que no va ser ni de hoy para mañana, ni de mañana para pasado, lleva más tiempo que eso.
Lo sé, por eso y mientras tanto, escribo.
Para mantener la mano caliente como dice "el Gabo" y por esto de no poder, mantener la boca cerrada, nunca.

jueves, 8 de mayo de 2008

Y después dicen que estudian...

... son todos zurditos.
Vayan!!!
REVENTON
de la UBA y las facultades
en nueva dirección
Cerrito 1062 (y Santa Fe)
Viernes 9 de Mayo
entrada 6pe
barra barata
y chacha y guarachonga toda la noche.

miércoles, 7 de mayo de 2008

No sé como ni sé por qué, pero de repente el aire se nos vuelve irrespirable, la cocina en la que antes nadábamos ahora nos queda apretada. Ni ella se contiene ni yo me callo. Al día siguiente lo mismo, no ubico el momento exacto en el que todo se vuelve difuso entre nosotras y los límites se corren y las distancias son océanos. Ella del lado del Atlántico yo del lado del Pacífico, en el medio el mar que nos separa. Le mando la peor tormenta, la inundo de palabras y me voy victoriosa y atormentada yo también.
Vuelvo, como las olas, después de dar clases y antes del otro trabajo. Hay gente. La llamo aparte. "Disculpas", le digo, "bueno, está bien", me dice y cada una sigue en lo suyo, ¿recibirá esta vez mis mensajes si tiro una botellita al mar, o se lo quedarán las olas como trofeo ante posibles represarias?
A veces me parece que vale la pena intentarlo, a veces me parece que vale la pena el silencio.

lunes, 5 de mayo de 2008

Las dorins. (fragmento)

Estoy en el mismo quiosco, las veo, las reconozco, lo agarro de la manga y se las señalo, estoy acompañada porque no puedo viajar sola, es más, es la primera vez que voy al centro sin mamá, lo acompañó a él, a tribunales porque todavía no empezó la feria y yo estoy de vacaciones hace rato. Hoy caminamos un montón, él camina rápido, anduvimos tanto que ya ni me acuerdo. Viajé en subte por primera vez. Lo tomamos recién para llegar acá, hacer combinación con el tren y volver a casa, pero antes pasamos por el quiosco porque yo hace rato que le vengo pidiendo algo para comer. Insiste en que ya llegamos y que mamá nos espera con la comida, que si como algo ahora después no voy a querer comer la comida. Me enojo, él cede, paramos en el quiosco, ése que estoy ahora, ése en el que lo miro desde abajo. Tiene el pelo castaño, ondulado, apenas peinado con gomina “lord cheseline”, la guarda en el botiquín del baño y se pone un poquito en la mano, se la desparrama entre la yema de los dedos de ambas manos y se la aplica como dando golpecitos suaves a la altura de la sien y a los costados. Se mira en el espejo de perfil, de costado, sonríe, hace muecas, es buen mozo, él lo dice y se ríe, “que pinta que tenés” dice en voz alta, se ríe y me mira, me guiña un ojo. De acá abajo se ve el nudo de la corbata, esta re bien hecho, bien apretadito, hoy a la mañana me preguntó qué corbata, me mostró el traje y me dijo: ¿cuál de éstas?, me elige tres o cuatro y yo me decido por una, siempre respeta mi decisión, a veces le hago burla y elijo la peor, la que no combina con nada, se da cuenta. “Pero, ¿ésta te parece?, ¿seguro?”, dice en tono grave para ver si dudo, “sí, esa” le digo. Se la pone. Igual eso no pasa siempre, la verdad es que la mayoría de las veces estoy de buen humor y elijo una que le quede bien, que le resalte los ojos celestes. La camisa esta impecable, mamá las plancha con apresto, el apresto es un spray que no sé que tendrá pero que le deja un olor rico y ninguna arruga, a veces mamá deja las camisas sobre la tabla de planchar y yo las junto y las pongo en su cajón. En el camino las huelo, es un olor raro, pero raro de lindo, mezcla de limpio y perfumado por el jabón de lavar y el apresto. ÉL a pesar de lo desordenado es muy prolijo con sus cosas, igual la excepción es el portafolios, siempre desordenado y lleno de papeles que huelen a banco, una vez se lo dije: “los papeles que tenes tienen olor a banco y a viejo”. Mucho caso no me hizo, lejos de tirarlos los tiene ahí, lo único lindo es que están escritos a máquina, me encanta el dibujito de las letras escritas a máquina, algunas hojas tienen sellos y otras la firma de él. Yo le reviso todo cuando él no se da cuenta. Él se enoja porque una vez le dibujé unas cosas en unas hojas, me retó mucho y me dijo que era algo que tenia que presentar, que era importante, que eso no era para dibujar. Ahora tengo más cuidado, entonces cuando abro el portafolios trato de ver como esta todo, para volver a dejarlo asi después de revisarlo. Cada tanto me pregunta si yo anduve hurgando en sus cosas, yo digo siempre que no y miro para arriba porque sino me rio, se me nota todo, con él siempre se me nota todo, por eso evito mirarlo, y cuando me dice que le diga la verdad o que le prometa algo, pero que lo haga mirándolo a los ojos, yo digo: “ perdí”, por más que me compre un frasco entero de decisión si se lo prometí o me lo pidió voy a terminar cumpliendo con mi palabra. A veces pienso que creo en mi palabra porque cuando lo miro y prometo algo, no puedo fallar, no puedo fallarle aunque no se entere, aunque no importe, aunque no me juzguen, igual, no puedo.

domingo, 4 de mayo de 2008

La feria & La feria

Segunda parte: La feria internacional del libro
Domingo, más de las 5, la peor hora, el peor día. Ya rezongo de entrada, voy a un evento de índole familiar, todos los años la misma historia, digo que no voy a ir, no me interesa todo ese apretujamiento inútil, esa masa humana amorfa inundándolo todo. Me provoca nauseas. Pero siempre pasa algo: porque alguien consigue entradas gratis, alguna charla interesante, hay que cubrir la feria para alguna nota, en fin, siempre, algo a último momento. Esta vez, canta mi papá. Llegamos tarde, voy con mi hermana, garroneó las entradas de no sé donde, me pongo contenta y no pregunto. Mejor, sino había que ir como dos horas antes con el coro para el ensayo y entrar con ellos, ni loca.
Mi hermana canjea las entradas en la puerta, mientras tanto averiguo la sala, lo que sospechaba, sala roja, que esta atravesando la amarilla, pasando la verde y después de la ocre, lo que me suponía, al final de todo. Entramos, un mar de gente, vuelvo a pedir indicaciones porque me perdí, hago la cola, hay que hacer cola para todo, para preguntar, para comprar, para que te guíen, para el vaso de "Fernet Branca", para los volantes gratuitos, para los ejemplares de "Clarin" para los de "La nación", para el sorteo de suscripciones gratis de "El país", etc. Me toca el turno, la mina que hace de referencia para guiar me encaja una revista de la feria, no tiene plano, pone cara de, "ya esta que pase el que sigue", le interrumpo la cara, le pregunto, me explica, para llegar a destino habré hecho lo mismo con otras tres guias. La gente va por el tubo ese blanco que parece una carpa, yo por el costado, no de reaccionaria, se avanza más rápido. Efectivamente, mi hermana todavía sigue barada en el tubo de gente. La espero, entramos a la sala, llegamos justito. Canta, ni lo veo de tan lejos que esta, cuando sale le decimos que estuvo bárbaro que salió redondito y que sonó de mil maravillas. Quiere recorrer la feria, la puta madre, miramos un par de stands, finjo mareo, lo del dolor de cabeza ya esta medio trillado y me sacan la ficha al toque. Me siento un rato. Me hago la víctima y les digo que vayan nomás que yo los espero. Vuelven al rato, mi hermana indignada, por los precios, por los títulos, por todo, no se pudo comprar nada y encima no aceptan la libreta del profesorado. A esta altura pienso que ella debe creer que la libreta es una tarjeta de débito, la lleva hasta al boliche para ver si alguno se descuida y a lo mejor le hacen descuento en la barra. Nada, parece que no logró conmover a nadie, "es que acá están todos muy sobrios" le digo en tono irónico, pone cara de "que pelotuda que sos". "Es que es la verdad, no hay precios populares, ni libros de cocina en fascículos se puede comprar en esta feria de mierda", ahora sale con que Planeta es el Imperialismo, la educación que es para cada vez menos gente, el país que se cae a pedazos y nosotros mirando tele, mi papá se ofusca a la par. Salgo de mi letargo fingido, es el momento propicio y en un tono de ávida recuperación digo: "porque mejor no vamos a merendar por ahí". Me siguen, vamos los tres agarrados como nenitos en excursión de primaria, no nos soltamos hasta llegar a la entrada, tampoco hay necesidad, vamos por el costado del tubo y no sólo llegamos más rápido, logramos respirar, nadie se nos amontona, atravesamos la puerta, somos libres al fin. Yo sólo pienso en una buena excusa, se me acaba antojar un "cheesse cake" y necesito algo que explique el paso del estadio de la nausea al apetito voraz, nada, por ahora, ya veré, siempre se me ocurre algo.

Descubrimiento.

Y un día, casi por casualidad, reparó que en que la única frase que lo había conquistado no era de ella.
Aquellas palabras que lo habían subyugado hasta la médula, no eran de su amada, vió por primera vez las comillas del texto y se sintió estafado por su propio descuido.
Desilusionado ante tamaña revelación se dijo: "bueno, al menos citó la fuente."

La feria & La Feria.

Parte primera: La FLIA.
Sábado. Más de las 7. Chacarita, justo al lado de la estación Lacroze, "Sexto kultural, Mutual sentimiento". El edificio es viejo y desde afuera parece propiedad tomada, no muy lejos de la impresión que da cuando se entra. Atravesando la puerta, una suerte de portería sin portero, hace las veces de administración, alguien indica las actividades a todo aquel que llega preguntando, es un centro cultural, con lo cual en el resto del edificio la actividad es diversa.
Segundo y sexto piso. En el segundo, proyecciones, charlas y debates, en el sexto, la feria. No hay ascensor. Se nota, pura juventud arriba, algún que otro arriesgado sexagenario, pero no más. Los cartelitos que rodean la escalera dan ánimo: "ya llegaste al primer piso, es un muy buen paso"," ya falta poco para llegar a la séptima feria del libro independiente, amiga". Cuesta pero se llega. A primera vista el recibidor que esta junto a los ascensores clausurados, adrede, me dirá después alguien: "no los quieren prender porque gasta mucha luz y como saben que va a estar subiendo y bajando gente continuamente los apagaron." El clima dentro de la sala es festivo, puro alboroto, abrazos, sonrisas, gente por doquier. Alguien dirige unas palabras, agradece y da el pie para que una banda empiece a tocar. Suenan bien, la voz del cantante me recuerda a Pedro Guerra, hay bastante ruido, trato de pescar algo de la letra, nada. Ahora una chica dice que en 10 minutos se va a sortear la rifa, pero que todavía están disponibles algunos números por si alguien todavía no la compró. Recorro en círculo. El primer hallazgo, un libro que compila la experiencia de: "La tribu", radio alternativa. Me dirijo hacia él, hago cuentas mentales, traje bastante plata, la suficiente como para no gastarla toda en el mismo lugar, la suficiente como para gastarla toda en un mismo libro si hace falta. Le pregunto: "¿éste cuánto esta?", me mira, mira el libro, averigua y me dice : "éste esta $10, pero los chicos que están allá, dice señalando un stand en dirección oblicua a la nuestra, lo tienen a $5, así que mejor compráselos a ellos", agradezco el gesto de honestidad. Hay una suerte de fraternidad implícita se recomiendan los libros unos a otros, "mira este libro es buenísimo" me dice alguien hojeando el libro del stand vecino.
LLego a la oferta imposible, consigo al ejemplar a $5, esto es lo más cercano a la felicidad, el libro tiene 300 hojas de un material, a mi juicio riquísimo, papel ilustración con un diámetro de 30x18. Estoy rastreando este espécimen desde hace rato, en "la crujía" la librería que auna todas la bibliografía más progre de comunicación esta agotado hace rato, a la radio fui el cuatrimestre, pasado, cuando todavía tenía una vida que se dividía en cuatrimestres, a la feria que organizan y nada, ni rastros, se lo digo al chico que me lo vendió y me dice en tono irónico: "no es que no hay más, lo que pasa es que no habrás hablado con la persona correcta", me gusta el tono mezcla arrogancia y cancherismo, compro dos libros más.
Sigo dando vueltas, unos anotadores monísimos, la tapa es un blister de algún potente fármaco: lexotanil, valium, rivotril, estan pintados de colores y prolijamente enmarcados, de lejitos dan tiernos, de cerca medio macabro, estoy a punto de llevarme uno, recuerdo que los últimos cinco anotadores que me compré, todos tan singulares como estos, andan, vírgenes dando vueltas por la casa.
Alguien por micrófono recuerda que a las 8 en punto comienza la charla sobre copy- left y que los interesados pueden ir yendo al segundo piso, la misma voz, pide, suplica que no vuelquen la cerveza, porque si bien el lugar fue cedido de muy buena fe para la feria, tampoco es cuestión de dejar todo hecho un hinchastre.
Avanzo en mi recorrido, veo el libro de Juan, "Objetos maravillosos", a mitad de precio, emocionada me alzo con una nueva compra. Sigo mi expedición, hay muchas revistas, algunas más logradas que otras. Me acerco a una mesa donde estan todas prolijamente acomodadas, leo: "Esto cuesta lo que vos quieras pagar", me parece injusto, la gente no tiende a valorar el trabajo ajeno y las revistas estan muy bien, saco un billete de $5 y me llevo una, "tomá, si querés te podés llevar otra me dice el chico", acepto el regalo.
Más revistas, más libros, algunos discontínuos, los hits de siempre en plena vigencia anacrónica, otra vez el oxímoron, algo de historia, algo de política y algo de militancia política o de historia de la militancia. Ya casi no quedan stands, ya casi no queda tarde.
Hay olor a encierro, no, es un poco más intenso, mezcla de poca ventilación, humo de cigarrillo y marihuana. El lugar esta efectivamente cerrado, no hay ventanas abiertas. Voy en busca de un poco de aire, me detengo casi llegando a la entrada, hay un ventanal. Me quedo parada un instante, recién esta oscureciendo y el sol, naranja, inmenso, se posa en la cúpula de la estación hasta penetrarla por completo, cae por fin la tarde en las garras, esas, que le tiende la noche, cada vez.