domingo, 3 de mayo de 2015

Alejandro.



   Es la primera vez que no me tomo vacaciones en enero. Siempre me voy a algún lado, unos días, un fin de semana, algo. Pero este año no.  Así que seguí con la rutina como si enero no fuera enero. Fui a trabajar y me organicé salidas al cine, meriendas y cenas con amigos. Mi propio plan de vacaciones en la ciudad.



   En esos días  también aproveché para ver a Alejandro, el hijo de mis ex jefes. Lo conozco desde que tiene cuatro años. Ahora es un pre-adolescente que tiene casi mi estatura.

   Mi hermana lo pasó buscar por su casa y los alcancé en Corrientes y Alem, cerca del Luna Park. Íbamos al “Museo del humor” que está ahí nomás en Puerto Madero. Caminamos cuadras larguísimas. El Museo está sobre la avenida de los Italianos, bien al fondo. Para cuando llegamos estaba casi por cerrar. No tenía ningún sentido entrar, así que emprendimos la retirada.

   Buscábamos una heladería por Puerto Madero y en el camino dimos con un edificio tremendo, el museo, “Colección de Arte, Amalia Lacroze de Fortabat”. Ale quiso entrar, quizás porque pensó que habría algún quiosco. Lo cierto es que apenas pusimos un pie, el aire acondicionado nos convenció de quedarnos.

   El edificio es imponente. Son cinco pisos de arte, argentino e internacional presentado con criterio  antojadizo. La colección bien podría llamarse, “todo lo que la familia Lacroze acumuló y ahora exhibe”. Hay retratos de la familia hechos por Berni y Andy Warhol. Al lado de instalaciones y collages de la nieta de Amalia Lacroze y otros jóvenes artistas plásticos. Ale no parecía muy entusiasmado,  pero cada tanto, cuando dábamos con algún collage o cuadro multicolor abstracto, decía, “este me gusta”.

   Cuando llegamos a la difunta correa de Berni, se quedó un rato mirándola, impresionado. Le conté la historia de la mujer y su hijito. Estaba sorprendido por el bebé que llevaba en sus brazos. Me preguntó si era de verdad. Supongo que pensó que estaba embalsamado o algo por el estilo. Le dije que era un muñeco, que Berni trabajaba con residuos y materiales de distintas texturas que se podían encontrar en la calle o en la basura. Le hablé de “Juanito Laguna”, me dijo que lo conocía, que en el cole habían hecho una muestra en el taller de arte y le habían contado quien era. Después le mostré obras de Soldi, Pettoruti y Xul Solar. Ninguna pareció interesarle demasiado. Antes de irnos compramos unas postales para que pegara en su cuarto.



   Fuimos por Córdoba hasta llegar a, “Galerías Pacífico”. Tomamos un helado y miramos  objetos de decoración en Morph. Varias veces intentó sutilmente convencerme de comprarle alguna cosa al grito de, “mirá esto, qué bueno”. No compramos nada. Caminamos hasta la parada del colectivo. Me preguntó que íbamos a cenar, “patitas de pollo con puré”, le dije.



   Cuando llegamos a casa, reconoció algunos de sus dibujos en la heladera, un regalo de cumpleaños que me había hecho y una foto de él, de más chico,  bastante escondida en la biblioteca.


   Cenamos. Armó su bolsa de dormir en el piso y me pidió que no apagara la luz, que la dejara prendida un rato. Conversamos en voz baja, él en el piso, yo en la cama. Le pregunté por sus amigos, la escuela y las vacaciones. En algún momento de la charla, dejó de contestarme. 
   Apagué la luz y me tapé con la sábana hasta el otro día.

miércoles, 16 de julio de 2014


   “Seguir viviendosin tu amor”, es la canción que más veces escuché en mi vida. La grabé de la radio en un cassette durante mi adolescencia. Fue parte de un compilado de rock nacional en un cd años más tarde. Y ahora forma parte de una carpeta del mp4 que se llama, “verano 2013” y que incluye temas que sonaron ése y otros veranos. No siempre fue la misma versión.  La original primero, de Luis Alberto Spinetta, hasta que me estremeció la voz de Pedro Aznar en un acústico en vivo, y desde hace unos meses escucho la impronta más power que le dio, “Catupecu Machu”. Pero el efecto sigue siendo el mismo. Cada vez que suena, canto alguna estrofa, un verso o el estribillo. No me puedo contener. En un subte lleno de gente, en el laburo, sola en mi casa. No siempre es la misma frase. Desde hace unos días, por ejemplo, vengo cantando a viva voz rumbo al trabajo: “y hoy que enloquecido vuelvo buscando tu querer/ no queda más que viento/ no queda más que viento”. Y aunque no estoy particularmente contenta ni especialmente triste, cada vez que oigo esos versos, detenidamente, me es inevitable pensar que la ausencia del otro debe ser eso, viento. Viento que sopla sólo para recordarnos que alguna vez lo tuvimos todo.
 

jueves, 1 de mayo de 2014

Hoy.

   Ahora es jueves al medio día. La luz entra potente por el balcón, atraviesa las cortinas y llega serena y brillante a mi escritorio. Ahora, también escribo. No son piezas terminadas, son posibles fragmentos de un texto más grande. Respiro aliviada de saber que la marea me va indicar el puerto. Así que, bienvenidas las olas intempestivas. Que ahora es medio día y la luz del sol lo alumbra todo. 

domingo, 20 de abril de 2014

Volver.

Ayer, en un intento desesperado por nockear al pasado, borré, -sin querer queriendo-, todas las fotos que ilustraban este blog. Voy a ir reponiéndolas de a poco, con otras nuevas y mejores.

Mientras tanto, voy a leer el sub-título de todo esto, que dice, fuerte y claro : " En vez de quejarte, escribí".

Y en eso estamos.

sábado, 19 de abril de 2014

en breve...

... volvemos.

miércoles, 1 de enero de 2014