viernes, 9 de septiembre de 2011

Raro.

¿Qué me traeré entre manos?

Hace cuatro días consecutivos que estoy contenta, sin razón aparente, y hace, los mismos, cuatro días que me estoy poniendo vestido.

Tanto entusiasmo me perturba.


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miércoles, 7 de septiembre de 2011

martes, 2 de agosto de 2011

Mis borcegos.

A veces, la moda me juega una mala pasada y hace que me trague mis propias palabras.
Los borcegos, -calzado, mezcla de zapato enorme, con bota, que remite a la vestimenta militar-, se empezaron a usar cuando yo tenía once años y eran para mí, en ese momento la cosa más horrible que había visto. Venían en color crema y en negro. De caña alta o mediana, me recordaban a los aparotosos y enormes zapatos ortopédicos que había tenido que usar durante toda la infancia. Hubiera preferido vivir en ojotas a comprarme un par. En su momento, creo, mi madre accedió a mi pedido de unas guillerminas celestes que combiné con todo lo que me puse: vestidos, polleras, pantalones y joggin. Me pasé inviernos enteros odiando a los borcegos y repudiando a toda persona que los usara.
Casi veinte años después una mañana de sábado, cuando volvía de una clase de spining, y quizás porque todavía estaba atontada por el efecto de la mezcla de endorfinas y los ecos de la música, sonando en mi cabeza, me topé con la vidriera y fue un flechazo. Me detuve al instante. Detrás del vidrio, algo empañado por el frío y la humedad, ellos me reclamaban.
Cuando entré al local, una habitación de un ph antiguo con ventana a la calle, repleto de zapatos y botas, me dije, sólo para convencerme, - voy a mirar.
Pero el hechizo ya había surtido efecto y no pude contenerme. Me los probé y calzaron como si llevaran años en mis pies. Me los traje puestos y coloqué mis zapatillas en la caja, como para no volver con las manos vacías.
Y así andábamos, inseparables. Mis borcegos color suela y mis polleras. Mis borcegos color suela y mis pantalones. Mis borcegos color suela y mis vestidos. Y la lista sigue, porque incluso he sacado a mi perro, con el piyama puesto, una campera y los borcegos.

Pero como ocurre incluso, con las historias felices, nada resulta eterno. Esta mañana, a uno de ellos se le despegó la base de la suela. Nada grave, pero cuando examiné en detalle me di cuenta que el otro también iba por el mismo camino. Resignada a mi suerte fui a mi zapatero de confianza, y como quien le encarga un ser querido al médico, se los dejé. Me dijo que está con mucho trabajo, que va tratar de hacer una excepción, pero que como mínimo tengo que esperar hasta mediados de la semana que viene.


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jueves, 7 de julio de 2011

Una de chicos.


   En menos de tres semanas me esguincé dos veces el tobillo. Resignada por la mezcla de torpeza y mala suerte, hice -obedientemente-, reposo por cuatro días.
De todas las películas que tenía pendientes de ver, sin duda, "Plan B" ganó por lejos. La vi dos veces.

La trama es un poco naif, más acorde a las pinky-movies de Hollywood, pero cuando la historia empieza a rodar, poco importa el argumento.

Bruno es un chico al que lo dejó su novia y busca desesperadamente recuperarla. Como ella se niega a volver con él, porque está nuevamente en pareja, a Bruno se le ocurre "El plan B". Enamorar al novio. De ahí en adelante asistimos a la bellísima historia entre Bruno y Pablo. Se conocen a instancias de los artilugios maquiavélicos de Bruno, pero a lo largo del film se conectan, se histeriquean y se seducen hasta enamorarse.
Lo más destacado de la película es la fotografía y la exquisita selección de las escenas. Con climas íntimos para retratar esta historia plagada de erotismo y diálogos casi improvisados que evocan a la infancia de los personajes. Así, los protagonistas, en principio amigos, sin darse cuenta empiezan a compartir demasiado tiempo juntos.
Con un presupesto mínimo, "Plan B" fue filmada en diez días con una cámara HD. Esta película se suma a la promisoria carrera del joven director Marco Berger que tiene los cortos anteriores: "Una última voluntad", "El reloj" y la intervención en el largo "5", película basada en los cuentos de la antología, "En celo", que sacó la editorial Mondadori en 2007.
Su última película, "Ausente" -todavía no estrenada comercialmente en nuestro país- ganó el "Teddy Bear" en el último festival de cine de Berlín.

Marco Berger da indicios claros y firmes de convertirse en una de las figuras del inagotable -por suerte- "nuevo cine nacional". Habrá que esperar hasta agosto para ver su segundo film. Paciencia.


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