miércoles, 15 de julio de 2009

El hombre de mi vida.






Bajo del colectivo, camino unos pasos y ni bien me ve llegar, me adivina: "Justo acaba de llegar y me acordé de vos, te la iba a tirar por debajo de la puerta para darte la sorpresa", se le ilumina la cara cuando lo dice.

Agradezco el gesto y le pregunto si tiene otra más, me dice que no y se lamenta, "pero no te preocupes porque ahora cuando pasen y vean que no tengo ninguna seguro me traen dos más y una te la separo para vos", me saluda todo contento, me despido y se queda charlando con los muchachos en la esquina. Cruzo la avenida a ciegas y para cuando estoy llegando a casa me quedan dos textos: uno largo que quiero leer con detenimiento y la editorial.

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sábado, 11 de julio de 2009

Regla de tres simple.


Al frío:

- pijama

+ ropa interior

viernes, 10 de julio de 2009

Hace tres noches que me acuesto llorando, en realidad hace más, lo que pasa es que hace algunas semanas que dejé de contarlas, como para quitarle un poco de dramatismo al asunto.
ojalá también con las lágrimas se me fuera:
- el hambre
- la ropa fea del placard
- la imperiosa necesidad de pensar todo tantas veces
- la compulsión por las ofertas del outlet
- el flequillo
- todos tus mails de la bandeja de entrada
y estas estúpidas y torpes ganas de llamarte a cada rato por cualquier cosa,
como en las novelas,
un ataque de amnesia a la derecha, por favor.

miércoles, 17 de junio de 2009

Se nos adelantó.


Sabés como va a costar lo de pensar bonito ahora?

"Brillos y lentejuelas",

donde quiera que estés.

viernes, 22 de mayo de 2009

Amor enfermo.

¿Por qué la policía se enamora del ladrón? ¿Por qué la nena bien pierde la cabeza por ése que no hace más vagar todo el día? ¿Por qué la madre abnegada, sobreprotectora, cría hijos y marido incluido? ¿Por qué al chico estudioso, responsable y trabajador siempre le toca una loca?
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Respuesta: porque los opuestos se atraen para padecerse.
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En términos psicológicos hablamos de un vínculo sostenido por la proyección que provoca el otro con la parte que no soy.
En términos sociológicos se trata de una relación perversa que refleja los más oscuros e intrincados vínculos de los que es capaz cada sociedad visto en perspectiva diacrónica.
En términos económicos, la carencia aparece como punto de equilibrio entre la oferta propia y la demanda ajena.
En términos lingüísticos la palabra es la materia prima para la construcción de la máscara puesta en juego en el discurso.
En términos comunicacionales lo no dicho revela la esencia de la ligazón al otro, lo pone en evidencia.
En términos histórico-marxistas, la sobredeterminación social capital-trabajo, está fundada y sostenida por una contradicción, la de opuestos indivisibles.
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En términos personales, es una cagada que no pueda sacarte de mi cabeza.
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miércoles, 13 de mayo de 2009

Tengo como una cosa fisiológica con los hombres, antes me quitaban el sueño, ahora me dan luz.

No curará sanará y salvará, como en la eterna promesa, pero al menos es algo, además ya lo dijo el gran poeta contemporáneo: "no se puede vivir del amor."

sábado, 2 de mayo de 2009

Buena madera.

Últimamente dan ganas de poco. Voy del trabajo a la compu y de la compu a sobrevolar algunos apuntes, la bendita culpa ya no deja ni escribir. Se cae el celular, resbala y aterriza atrás de la biblioteca, bien al fondo, no llego ni esmerándome. Trato toda clase de acrobacias, me canso y puteo. Hay que correr la biblioteca, pesa como un muerto 24 horas después del deceso. Tomo aire, la corro, agarro el celular y en la subida alcanzo a leer cuatro letras: J-U-A-N. Los estantes de esa biblioteca fueron modificados cuando crecí, hubo un momento en que no entraban más libros ni cosas. Entonces mi padre hizo una de las pocas cosas que recuerdo haya hecho por mí, mandó a hacer unos cuantos estantes de madera para ensamblarlos a la biblioteca, se lo encargó a un carpintero. Lo acompañé varias veces porque el hombre se demoraba, los estantes no combinaban para nada, siguen sin hacerlo, a pesar de los años y la mugre.

Al celular no le pasó nada, apenas una raya, una más de tantas, poseo un teléfono-cebra. Yo me quedé tildada, a pesar de los años, el tiempo y la mala calidad, los estantes siguen ahí, ensamblados a la fuerza y además no se borró la marquita esa con el nombre. Lo que aguantan los muebles.