sábado, 16 de febrero de 2008

Certezas II

Por cada centenar que no te importa,
hay uno que te parte la cabeza,
y ahora es tiempo de recoger los pedacitos
para volver y armar algo
que tenga más sentido que todo esto.
Algo así, parecido, decía un profe de la facu,
por cada 10 docentes hay un maestro,
no recuerdo la parte de los pedacitos,
me parece que él no hablaba de hombres.

viernes, 15 de febrero de 2008

Certezas

La fe moverá montañas,
pero el deseo no conquista hombres.

jueves, 14 de febrero de 2008

Tardanza a tiempo.

Él me llama y me despierta a las 7 y 20 de la mañana.
- ¿Hola, te desperté?
- Ah, bueno quería que no te olvides.
- Nos vemos, beso reina.
Yo me había puesto el despertador y media, o sea me iba a levantar, no era necesario ni el control ni la preocupación.
Mal humor.
Voy a hacer lo imposible para llegar, tarde, adrede.
Breve elongación sobre la alfombra, me incorporo de a poco, estirando todo lo que puedo o tengo conciencia de que existe a esta hora. Me lavo los dientes, me miro en el espejo unas 100 veces hasta reconocerme hasta perderme, me busco, no insistas es muy temprano.
La ropa no es problema, no estoy en casa así que no tengo más opción que ponerme lo que traía puesto ayer. Me cambio, tranquila, me pongo los aros, acomodo la cartera, voy a la cocina tomo dos vasos de agua. Ya estoy lista para salir.
Al principio iba a tomar el tren, pero llegaría más que a horario y no es la idea. Mejor buscar una opción con más demora: el 152, el 59, no a esa hora todavía hacen rápido. Lo mejor es el 130, solía tomarlo para ir a mi ex trabajo y era un calvario, nunca venía, siempre tarde, esa es mi opción pienso. Camino hasta el paso a nivel del tren, lo atravieso, el tren quedó descartado después del cepillado de dientes y antes de los 2 vasos de agua. Sigo caminando, llego a Libertador, vienen todos, menos el 130, se dibuja en mi rostro una enequívoca sonrisa de venganza. Los veo venir: el 15, el 29, el 160. Pasan 7 minutos y por fin llega. Me subo, asiento vacío, milagro pienso. Em mi mp3 suena Desaparecido de Manu Chao, y me taladra la cabeza el cuando llegaré, cuando llegaré, paciencia le digo, paciencia me digo.
No hay tráfico, ni un semáforo nos detuvo, todo derechito como si fuera un tranvía disfrazado de colectivo. Arribo más que puntual. Retiro. Llego 5 minutos antes del encuentro, cinco minutos antes de lo previsto, porque él me llamo para cerciorarse de que me iba a levantar a horario y no lo iba a dejar pagando, él me despertó 10 minutos antes de que sonara el despertador, en pleno sueño, él no confía en mi memoria y se ampara en mis olvidos, él, todavía no llegó.

lunes, 4 de febrero de 2008

No, si estoy mejor...

Estoy pensando seriamente en estrenar en breve la pollera esa que me compré y nunca encontré ocasión.
Ayer un amigo me dijo algo que a él le pareció gracioso y a mí terrible.
¿Es verdad que uno se mimetiza con las cosas que hace? Me pregunto: ¿si tenés un vivero mucho tiempo, tu vida es como una planta, sos un helecho? Si te dedicás a las matemáticas: ¿ es verdad que contas las baldosas cuando caminás y no podes evitar sumar todo cuanto hay a tu alrededor?
Ayer mi amigo me dijo que hablaba como su tía y otra cosa más que desde entonces estoy empecinada en olvidar.

PD1) Todavía no lo logro.
PD2) Pero me tengo fe.

domingo, 3 de febrero de 2008

Suicidio masivo.

Los domingos deprimen a cualquiera
ni los vasos zafan,
hoy rompí dos,
en realidad,
se suicidaron y me usaron de chivo expiatorio,
justo a mi,
que soy tan culposa.

sábado, 2 de febrero de 2008

Volver.

Volver ya no era una opción, él lo sabía, sin embargo no podía dejar de sentir cierta tristeza al pensarlo, todo le recordaba lo feliz que había sido en ese lugar. Todo complotaba contra él. El calor, el frío, el sonido de aquella calle transitada a las apuradas para no llegar tarde, el olor de las hojas secas a su paso mientras iba a hacer las compras, el color de las fresias en el verano, los jazmines que brotaban a su paso en la primavera, no hacía falta ni siquiera esperar por ellos, no había mas que saquear el árbol de noche para que al día siguiente estuvieran ahí, brotando de nuevo como ofreciéndosele. No había nada que no extrañara. Si lo pensaba un poco no había vivido tanto tiempo en ese barrio, en esa esquina. Reconocía que la ubicación era buena, que la luz entraba por todas partes, que los vecinos eran atentos y las noches apacibles y tranquilas. Todavía se podía caminar por esas cuadras sin esperar lo peor. Es más en algún momento le pareció aburrido, monótono, sin color, sin ruido, sin calor. ¿Qué era entonces ese sentimiento que lo invadía en todo el cuerpo? ¿Realmente se había equivocado y estaba perdido, realmente había querido tomar un atajo para no llegar tan tarde al trabajo y había terminado ahí en ese su ex barrio, justo a dos cuadras de su antigua casa? Parecía una broma del destino, justo ese día, ese mes, se rió bastante cuando vio que aún estaba la casa de comida árabe, se acordó que en su momento no daba por ella ni un mes, mira vos, "persiste todavía", dijo en voz alta. Se bajo del auto, ya no llegaba de ninguna manera. Llamó por celular a su jefe, inventó algo, en el momento sonó creíble o tal vez le dijo la verdad, no le interesaba, lo importante es que no sólo lo convenció, sino que además su jefe se preocupó por él y le dijo que se tomara todo el tiempo que necesitara. Dejó el celular y su saco en el auto, hasta el estéreo dejó, total por ahí no robaban nunca. Empezó a caminar como llamado, seguía sus pasos en silencio como queriendo averiguar el misterio que lo había traído hasta ahí. Pasó por el bar por donde solía tomar un café los domingos porque a ella le gustaba dormir hasta tarde y el no quería molestarla, ese mismo café en el que solía refugiarse los últimos tiempos después de las contínuas peleas. También paso por el kiosco de diarios, porque a los dos le gustaba mucho leer y ése era el único lugar a donde llegaba la revista importada, esa que a ella le fascinaba. Las bicicletas le recordaron los paseos en Palermo o los trayectos en tren hasta el Tigre. Pero el golpe de gracia se lo dio el jardín de infantes, el que estaba a 5 cuadras, ése, en el que tantas veces habían pensado, el que les vendría de maravilla, porque como decía ella: “queda tan cerquita que para que complicarse buscando en otro lado, no?”

viernes, 1 de febrero de 2008

Todo el verde.

Se lo habían regalado para navidad, hacía poco que se había mudado y extrañaba horrores. Su madre pensó que una forma de no extrañar tanto era tener compañía, alguien que esperara por él al llegar. Por eso lo eligió cuidadosamente: primero pensó en un loro, pero le pareció demasiado ruidoso para un departamento tan pequeño, después una tortuga pero éste era de veras un animal muy insulso, un gato no estaba nada mal, pero enseguida recordó que su hijo era alérgico al pelaje, finalmente se decidió por un perro, eligió detenidamente la raza para que ambos empatizaran de inmediato. Un weimaraner. Era de veras un perro hermoso, un poco grande eso sí, pero se las van a arreglar pensó, “además de la compañía, esto también forma parte de la convivencia con un otro”, le dijo. Benito, -así habían decidido llamarlo de común acuerdo madre e hijo-, tenía los ojos verdes casi esmeralda. Si lo mirabas fijo y te concentrabas podías ver lo profundo del verde, era como si todos los verdes nacieran en esos ojos, te obnubilaba, después de un rato podías dejar de prestarle atención al verde y llegar a ver los otros colores: destellos de marrón, amarillo, una puntita celeste, tal vez algún que otro tono grisáceo, verde más clarito y en eso el perro cerraba los ojos o pestañaba y al abrirlos otra vez ese verde que lo cubría todo.
Las cosas no podían ir mejor, el perro aprendía todo lo que le enseñaban con una facilidad que asombraba, era dócil, bueno, obediente y muy afectuoso.
“Creo que estoy aprendiendo a querer de nuevo. Parece como que las cosas, finalmente, empiezan a acomodarse, me siento muy bien”, le había dicho a su madre. Sera por eso que se extrañó tanto la tarde en que pasó a visitarla después del trabajo. Vino raro, hablo poco y en medio de la merienda masticando uno de esos scones que tanto le gustaban dijo:-“ Benito no forma más parte de mi vida. Quiero que te lo quedes vos. Ya no podemos vivir más juntos. Es una decisión tomada y no quiero hablar más, ¿me oíste?
- “Pero, ¿por qué, que pasó? “
Sus palabras fueron firmes y contundentes “Te doy una semana más, o te lo llevas o lo regalo”. La madre no lograba entenderlo. El tiene un perro y se queja constantemente. El quería al perro y ya no. La madre no tenía consuelo, supongo que él tampoco, por eso se fue la mañana siguiente llevándose consigo todo el verde.