domingo, 11 de noviembre de 2007

"Y pensar que nosotros, que nos dijimos tantas,
de repente, nos quedamos sin ninguna."

Despedida
Basta para mí.
Me quedo, a modo de souvenir, con un recuerdo,
el de la última vez que te soñé.
Estábamos enroscados sobre las sábanas, también calientes.
Exhaustos de tanto amarnos,
mirándonos embelesados,
sin pronunciar palabra,
sin decirnos nada.
Repletos de felicidad.

sábado, 10 de noviembre de 2007

Sumatoria, o porque uno+ uno, no siempre da dos.

En el principio eras vos y era yo
después fuimos vos y yo,
entonces sumábamos dos.
Para cuando nos quisimos acordar ya éramos uno,
ni vos, ni yo
todo en uno, de a dos.
Ahora, de vuelta, soy yo
ni más ni menos que antes
sólo yo.
Y vos?
de vos no sé mucho,
a fin de cuentas
creo que a la única que le daban las sumas
era a mí.



Inceritdumbre

Hoy tengo un día...

Las últimas semanas han sido...

Estos últimos meses fueron tan...

Con un panorama así...
Yo me pregunto:
A fin de año, cómo llego?

Nota 1) o tentativa de ánimo: al menos no falta tanto.
Nota 2) o tentativa de posibilidad: o el año acaba conmigo o yo lo remato justo a fin de año.
Nota 3) o tentativa de respuesta final. Juro que de este año no pasa.

jueves, 8 de noviembre de 2007

Adiós Nonino.

Viernes al medio día, calor, mucho. La lluviecita dejo de molestar y se levantó una humedad insostenible. No importa, hay sol. Me amparo en ese dato para caminar un rato. Voy por Moreno, salgo a 9 de julio y camino atravesando avenidas: Belgrano, Av de Mayo, Corrientes, unas cuadras más hasta Santa Fe. Hasta acá llegó mi amor, se me terminó la botellita de coca light y el sol no da tregua.
Espero el 59, tengo un bolso lleno de cosas, es imposible que salga a cualquier lado sin cargar con algo, la dimensión exagerada de mis pertenencias casi no me deja maniobrar, haciendo malabares saco las monedas, el mp3 cambia de tema, es Piazzolla , sí, lo reconozco, pero no se qué de Piazzola. Se me eriza la piel. Raro pienso.
Me subo al colectivo, sigue sonando el tema, saco el boleto, me siento. Como desesperada hurgo en la cartera/ bolso y miro en la pantallita del mp3: Piazzolla Astor, adiós Nonino, tengo los ojos vidriosos y no logro explicarme porque ahora, en este momento, en este día, en el colectivo. Necesito compartirlo con alguien. Miro alrededor, cada uno en su mundo, ¿y si les hablo a todos juntos? No, van a pensar que estoy loca, me va a dar vergüenza y encima en un gesto de autocensura me voy a querer bajar del colectivo. El viaje es largo, además acá encontré un asiento, me reprimo. A mi lado un viejito, se esta por terminar el tema pienso y como siempre me mando:
- Digame una cosa, le hablo en voz alta, no para hacerme notar, intuyo que paso la barrera de los 80 hace un tiempo y temo que si no hablo fuerte y claro no me va a poder prestar atención, voy de nuevo:
- Digame, ¿a usted le gusta Piazzolla?, me mira, silencio, cara rara mezcla de asombro...
- ¿Si me gusta?, yo fui amigo de Piazzola, bah éramos compañeros de orquesta, yo era clarinetista dice en un tono más bajo (hasta de su pasión uno se jubila con los años, pienso), recorrí el mundo con la música.
La conversación fluye y yo le pongo play de nuevo al tema, se lo hago escuchar.
- Es maravilloso, al tipo no lo entendían me dice, a él le importaba poder plasmar el ruido de Buenos Aires en la música, no le importaban las críticas de los tangueros, el amaba Buenos Aires y lo suyo fue revolucionario por eso, hizo sonar de otra manera al tango.
Ahora la conversación pasa a otro plano, los hijos que no fueron ni concertistas, ni bailarinas de ballet, pero que son felices con lo que eligieron, según él.
De golpe nos conocemos de años, hablamos de política, de economía, de la sociedad, de todo lo malo, de todo lo bueno, de los nietos de él, de los recuerdos, más recuerdos. Sonríe y se le amontonan las palabras como desesperadas por salir de su boca todas juntas. Lo escucho atentamente, me divierte y me conmueve.
De repente, deja de hablar, mira a su alrededor como desorientado, se incorpora de a poco:
- Yo me bajo en la otra parada, me dice.
- Un gusto.
-Y siga escuchando a Piazzola.
Baja del colectivo, se acomoda el saco y camina derechito por Las Heras. Lo veo alejarse despacito.

domingo, 4 de noviembre de 2007

Sábado.

Es sábado a la noche y querés volverte a tu casa lo más pronto posible, porque en un rato tenés una fiesta (una despedida de soltera y quedaste en ir), todavía tenés que llegar, bañarte, cambiarte y esas cosas.
Vas pensando una excusa para no ir, una nueva, una que no conozcan tus amigas, una que te dé la posibilidad de improvisar y encima que sea creíble.
No se te ocurre nada, vas camino a la parada y pensás que lo mejor es ir, que ya quedaste en ir, que prometiste dar una mano y que cualquier cosa inventás algo y te volvés, a casa, sola, a meditar con la almohada, como tantos otros sábados.
Estás en eso cuando distraída, por querer ahorrar tiempo, no te fijas y te tomas el colectivo al revés. Todavía no te percataste del hecho y vas escuchando música, tranquila, pensando en cosas, en varias, en las mismas cosas que te torturan una y otra vez, a toda, hora en cualquier hueco del día, en cualquier espacio vacío del tiempo, de tu tiempo, que se predispone a merced de tus pensamientos, tan inertes tan vacíos y tan intensos.
Pasa un buen rato, mirás por la ventana y el paisaje nada tiene que ver con lo conocido, es más, te resultan extraños esos personajes que ves caminando por la calle, parecen salidos de un cuento de Cucurto, pensás. Te causa gracia la ocurrencia. El colectivo dobla y sale de una de las calles laterales por las que iba para dejarte en el medio de plaza Constitución.
Recién ahí te das cuenta, de que falta mucho más de lo que creías para volver a casa.
Te quedas parada un rato, sacás el teléfono de la cartera, estas por llamar a tu amiga para decirle que no, que no vas a ir, porque es tarde, porque estas de mal humor, por tu error y que además vos desde el principio no querías ir, todo eso le vas a decir, con rigor y sin pausa y vas a aflojar un poco la voz para terminar con un: - así que mejor ...
Alguien te toca el hombro, distraída, de nuevo te das vuelta para atender y sentís que te manotean el teléfono.
Para cuando reaccionás el chico que te robó esta a unas cuadras.
Te quedas muda unos segundos, inmóvil de la impotencia.
Y te quedas ahí, y esperás y dejas pasar el tiempo, parada, quieta, como hechizada.
Y todavía estas ahí y pensás que es lo mejor y que a lo mejor este sin sentido te salva, te salva a vos de vos misma y de tus pensamientos.
Es un alivio, aunque sea sábado a la noche y estés sola en el medio de plaza Constitución.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Tristeza

Cuando me pongo triste me da frío, me corre un viento helado por todo el cuerpo que me sube por los pies, me recorre las piernas, el torso y desemboca en los brazos, para instalarse en la garganta, y ahí se queda calladito, tranquilo sin moverse. Siento que me ahogo que no voy a poder emitir palabra, nunca más. Me paraliza la idea de solo pensarlo, entonces yo también acompaño y me quedo calladita, quieta sin moverme. Después me recuesto sobre la cama desordenada y pienso un rato. Se me vienen todas la ideas juntas y no logro entender que me quiero decir, me tranquilizo y los pensamientos me vienen como imágenes, empiezo a ver todo más claro. Ahí me doy cuenta porque estoy triste, entonces mágicamente como si mi cuerpo procesara las imágenes que vienen a mi cabeza, se me empiezan a caer las lagrimas, cada vez más rápido, cada vez más grandes. Llanto desconsolado. Congoja interminable. Estoy triste y soy yo y mi tristeza. El mundo se reduce a mi habitación, mi cama, las sábanas que me tapan y mi tristeza. Me quedo un buen rato hasta que la fuerza de la tristeza empieza a soltarme y despacio me libero, fuerte dolor de cabeza, cansancio, estoy agotada, apenas junto fuerza para acurrucarme entre las sábanas y abrazarme a la almohada. Me pongo de costado y pienso que estoy abrazando a alguien, alguien que no va a venir, alguien que se fue o tal vez alguien que nunca estuvo, pero no me importa, porque para mí en ese momento estas conmigo y te estoy abrazando y me abrazas y el cuerpo se me afloja y el calor comienza a contrarrestar el frío y me vuelvo tibia y dulce. Cierro los ojos y me aferro fuerte a vos, hasta entregarme por completo, hasta quedarme dormida.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Se acabó el amor.

A veces cuando las cosas son tan claras, sobran las palabras.
Película memorable: "Closer", se nota que es una obra de teatro llevada al cine y el texto es por momentos sublime.
Casi sobre el final, cuando la suerte parece estar más que echada y resuelta. Natalie Portman y Jude Law en la habitación de un hotel. Los dos tirados en la cama. Ella, la completa felicidad, hablan, él que le dice que la corresponde, que parece que quisiera decírselo con todo el cuerpo, pero no, algo no anda bien. Se levanta, va hacia la ventana, abre las cortinas de par en par, se queda un rato y sale de la habitación. Mientras estaba en la habitación, ¿pensaba en ella?, ¿pensaba en él y su destino?, ¿es éste el destino que elige para él? No está seguro de nada, camina con su piloto por el pasillo, va a tomar el ascensor, se mira en el espejo, se reconoce, se repudia con la mirada, ¿se odiará por lo que le está haciendo?, ¿tanto miedo tiene a quedarse solo?, ¿y quedarse sin ella no es también quedarse solo?. Se cierra la puerta del ascensor. Vuelve, como llamado. Abre la puerta, se acerca a la cama y le extiende de su mano una rosa a ella, que no es ella, sino más bien otra. Y ella que sabe muy bien que no es ella, porque se da cuenta en ese preciso instante y nada más a tiempo ni nada más justo que la verdad. Entonces ella, que ahora esta plenamente segura que no es ella, le dice:
Natalie Portman: - I do´nt love any more.
Jude Law: - Since when?
NP: - Now, just now.
NP: - I do´nt want to lie. Here is the true, is over.
JL: - Is doesn´t matter. I love you. Nothing matters.
NP: - Too late.
NP: - I don´t love you any more. Good bye. Here is the true, so now you can hate me.

A veces me gustaría quedarme sin palabras, darme cuenta y quedarme sin palabras para explicártelo, para decírtelo y guardármelo, atesorar el momento, ponerme en marcha y seguir caminando.